360.000 personas ‘venden’ su iris: «Por dinero gratis, ni pregunto»

Casi una hora en transporte público y más de treinta minutos haciendo cola, este es el tiempo que ha invertido una pareja en Madrid para recoger el dinero en efectivo que ha conseguido una vez escaneado su iris a cambio de sesenta euros . Los pasos que han seguido han sido los siguientes: «Te descargas la aplicación de Worldcoin, te registras, vas a los puntos donde te toman una foto al ojo y recoges tu efectivo en un cajero de criptomonedas», enumeran, con cierto entusiasmo. Sin embargo, ni Greyse, de 39 años, ni su novio, saben para qué se utilizará esa información que acaban de ofrecer, tan solo que «reciben dinero a cambio». Detrás de estas colas que se pueden ver tanto en la capital como en Barcelona o el País Vasco se encuentra Worldcoin , una empresa «diseñada para convertirse en la red financiera y de identidad digital más grande del mundo», según describe en su página web. El aparato sobre el que gira todo es ‘Orb’, un escáner del tamaño y forma de una bola de bolos y que se encarga de recoger este dato biométrico que cientos de personas están ofreciendo a la empresa nacida en 2019, que además resulta ser el primer proyecto ‘crypto’ de Sam Altman, CEO de OpenIA y creador de ChatGPT . Noticia Relacionada estandar No La regulación cambia el rostro del millonario negocio de la biometría Laura Montero Carretero El reglamento europeo de inteligencia artificial y las nuevas exigencias de la Agencia Española de Protección de Datos abren un escenario de incertidumbre para las empresas de un sector en ebullición Una vez el usuario escanea su iris en los 20 espacios repartidos en distintos puntos de España, recibe directamente 10 worldcoins, lo que equivale a unos 60 euros. En el momento en que pasan 24 horas desde el registro, se suman otras 3 monedas y, cada dos semanas, la ‘app’ ofrece más bonos. Así, la billetera va aumentando conforme pasa el tiempo y la persona registrada no tendría que hacer nada más que estar atenta a los avisos para recoger las monedas que posteriormente cambiaría por dinero en efectivo. Esta práctica, que resulta atractiva pero que oculta muchos riesgos al requerir datos sensibles de usuarios, está siendo investigada en Francia y Alemania, y en Kenia han llegado a prohibirse estos escáneres oculares por no quedar claro si se vulneraba la legislación del país. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), por su parte, ha recibido cuatro denuncias que giran en torno a la actividad de Worldcoin y, actualmente, se encuentra «en fase de análisis», tal y como han confirmado a ABC. Mayoría de edad Desde la empresa sostienen que para poder operar con Worldcoin, se debe tener más de 18 años y que «en España se está comprobando que que los individuos tienen la edad requerida mediante comprobación de su fecha de nacimiento en el DNI». Los usuarios, por su parte, lo niegan. «No nos han pedido ningún documento de identidad», aseguran dos jóvenes, de 18 y 20 años, que aguardan en el cajero de criptomonedas situado en el número 104 de la calle de Francisco Silvela, a pocos metros de la estación de Avenida de América, donde todo aquel que abandona el suburbano queda absorto por el aparato colocado encima de la mesa. Ambos aseguran que no se les informó de para qué quieren estos datos, pero que «por dinero gratis, mejor ni pregunto», reían. Marta, por su parte, admite que le pareció «extraño» pero la idea de poder salir «beneficiada» también le atrajo. «Al final, las chicas que trabajan ahí también lo habían hecho», determina la estudiante de 21 años que ha llegado a sacar hasta 200 euros. Sin embargo, admite estar preocupada por qué puede suceder con todo esto, pues al tiempo leyó en redes sociales que este entramado podría ser «para recopilar datos personales». Worldcoin está disponible en 35 países y acumula actualmente casi 3,5 millones de «humanos únicos». De estos titulares de World ID, más de 360.000 se encuentran en España, estableciéndose el pasado noviembre un récord nacional con 10.000 verificaciones semanales, según ha asegurado Worldcoin a ABC. Lanzamiento de Sora Durante la última semana y coincidiendo con la cercanía en el tiempo del lanzamiento por OpenAI de Sora , la herramienta basada en inteligencia artificial para generar vídeos a través de texto, la criptomoneda de Worldcoin se ha disparado más de un 100%, pasando de los 2,46 dólares con los que abrió la pasada semana a los más de siete dólares que alcanzó este lunes. Tanto OpenAI como Worldcoin están dirigidas por el empresario Sam Altman, lo que, seguramente, ha beneficiado la subida de la criptomoneda. Este repunte se ha vivido con intensidad en los cajeros repartidos por todo el país. Marcos es el encargado de la tienda de GBTC Finance, una franquicia que opera en la compra-venta de cualquier criptomoneda que se pueda liquidar en el mercado, situada en el paseo de la Habana, y asegura que estos días «están siendo una locura». No se había visto nada igual en los registros diarios de clientes, pues han podido comprobar que tan solo ese local había alcanzado hasta los 300 en un solo día cuando normalmente la media se encontraba por debajo de las 80 personas. Sin embargo, Marcos indica a este periódico que las personas que han acudido a recoger el efectivo estas últimas jornadas no casan con el perfil que relacionado con el mundo ‘cripto’, sino que se trata de personas que buscan «cobrar su dinero». En el punto de mira Las técnicas biométricas, aquellas que dan información a través de rasgos físicos como lo que ofrece el iris o la huella dactilar, viven ahora una nueva etapa en la que su uso está examinándose constantemente. Estos datos, a diferencia de las contraseñas o las claves PIN , no pueden ser cambiados. Van ligados a cada persona. El pasado noviembre, la Agencia Española de Protección de Datos publicó una guía que endurece los criterios para el uso de la biometría para el control de acceso, tanto con fines laborales como no laborales, al considerar el tratamiento de datos biométricos para identificación y autenticación como un tratamiento de alto riesgo. Países como Estados Unidos o China ya han adoptado una postura permisiva en cuanto a esta cuestión, al contrario que la tomada por la Unión Europea, que se mueve con pies de plomo a la hora de fijar las normas sobre el empleo de datos biométricos.