La república islámica fue el centro del discurso de un MBS que por momentos usó el mismo tono que emplea en cada una de sus intervenciones el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, para denunciar «las amenazas que supone el programa nuclear del régimen iraní, su programa de misiles balísticos y las misiones destructivas de sus agentes». El príncipe dirigió su llamada de unidad a los países del GCC y a toda la comunidad internacional. Este fue un mensaje dirigido al próximo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que es partidario de recuperar el diálogo con Teherán y acabar con la política de sanciones de Donald Trump.
No hubo explicaciones sobre los motivos que llevaron al impulsivo heredero saudí a cambiar de opinión respecto a Qatar. Junto a Riad, los Gobiernos de Baréin, Egipto y EAU anunciaron en junio de 2017 la ruptura de sus relaciones con el emirato, le impusieron un bloqueo y le presentaron una lista de trece exigencias para levantarlo, entre las que figuraban el cierre del canal Al Jazeera, la ruptura de todos los lazos con Irán o la retirada de las tropas de Turquía del país. El emir de Qatar se negó desde el primer momento a negociar bajo presión y casi cuatro años después la única concesión que parece haber realizado ha sido la renuncia a las demandas legales que había interpuesto en contra de Arabia Saudí y sus aliados del Golfo.
Además de arremeter contra Irán, MBS dedicó sus intervenciones a ensalzar una unidad que él mismo rompió y recordó que este Consejo de Cooperación del Golfo «fue creado a partir de una relación especial que une a los países y los denominadores comunes representados en sus vínculos de fe, familia y destino común».
Cambio en Estados Unidos
El trabajo de mediación de Kuwait fue una de las claves para lograr esta vuelta de Qatar al GCC y su emir, N
auaf al Ahmad al Sabá, trabajó durante los últimos meses para lograr el acercamiento de posturas. Estados Unidos también trató de hacerse presente como parte de los impulsores de esta reconciliación, y para analistas como Karen Young, experta en economía política del Golfo del American Enterprise Institute, el acuerdo de Al Ula «tiene mucho que ver con los cambios que se avecinan en Washington», según declaraciones recogidas por el diario The Guardian.
Los cuatro años de Trump han servido para fortalecer la figura de un MBS, que se ha erigido junto a Israel en el principal aliado frente a Irán. El príncipe lanzó la guerra contra los rebeldes hutíes en Yemen, que deja cientos de miles de muertos y millones de desplazados, o es la persona a la que se señala como el cerebro de la operación para asesinar y descuartizar al periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudí de Estambul, pero su conexión con Trump le ha servido como protección. La llegada de Biden obliga a MBS a mover ficha y el acercamiento a Qatar, que también es aliado de Washington, puede ser un paso en esta dirección.



