En el comunicado las dos partes coinciden en que las negociaciones necesitan «un nuevo impulso» algo que por ahora no tiene más consecuencia que el hecho de que las rondas de negociaciones se mantendrán en julio y agosto, como ya se pactó la semana pasada. La declaración insiste además en que, tanto los europeos como los británicos mantienen su voluntad de hacer todo lo posible por llegar a un acuerdo que beneficie a las dos partes y reafirman su compromiso de aplicar en todos sus términos el acuerdo de retirada.
Una de las razones por las que los europeos empiezan a desconfiar de Johnson y de sus declaraciones gradilocuentes es que hoy mismo empezaron ya las negociaciones entre el Reino Unido y Estados Unidos con el mismo objetivo, es decir, establecer un marco de relaciones económicas lo más favorable posible. El problema es que esto convierte la situación en un imposible, porque Estados Unidos y la UE mantienen grandes divergencias, sobre todo regulatorias y reglamentarias, y en determinados campos ambas se excluyen mutuamente. Cuando más se acerque el Reino Unido a EE.UU, sus relaciones con Europa se parecerán más a las que tiene Canadá y menos a las que tiene Suiza o Noruega.
Así que la declaración reafirmando que el objetivo sigue siendo «concluir y ratificar un acuerdo antes de finales de 2020», para evitar una desconexión traumática, ahora se establece como primer paso la idea de alcanzar un «acuerdo de principios» lo antes posible, para no dejarse arrastrar por los desacuerdos.



