Situación dramática
El coronavirus solo ha hecho explotar una situación conocida y dramática que se vive en un barrio de Mondragone, como ocurre en otros muchos lugares del sur de Italia. Se trata de una realidad que vive un conflicto latente, porque son guetos, donde abunda la explotación, la violencia y la prostitución. En el caso de los edificios Cirio de Mondragone se trata de búlgaros que llegaron a Italia con la promesa de ganar un buen dinero con la recogida de judías verdes y tomates. Pero no encontraron la tierra prometida: se levantan antes del alba, a las cuatro y media, para ser conducidos en camionetas a los campos de propietarios italianos. Ganan sueldos de miseria: Entre dos y cuatro euros por hora los hombres; las mujeres, la mitad. Para no dejar a los niños solos, los llevan también al campo y reciben una miseria, unos céntimos a la hora. De sus salarios, una parte para el transporte en la camioneta, otra al alquiler de la casa y una tercera para el caporal que les ofrece el trabajo. Si no trabajan, no comen. Así, los búlgaros pretenden seguir saliendo de los edificios Cirio, aunque se les ha declarado zona roja al surgir el brote de Covid-19. Los ciudadanos de Mondragone se han rebelado ante esas fugas. De ahí la guerrilla que se ha vivido en el barrio.
El sur de Italia, un polvorín
En un radio de pocos kilómetros, se entremezclan condiciones de vida extremas y mafias que están en guerra entre ellas. Lo que se está viviendo en Mondragone es una síntesis de una parte importante del país, que describe así el escritor Roberto Saviano, autor de “Gomorra”, hoy en La Repubblica: «El sur de Italia es un polvorín: Tierra con el más alto índice de abandono escolar, tierra de paro endémico y de trabajo en negro. De todo ello Mondreagone es la síntesis. Los trabajadores búlgaros infectados en Mondragone viven en edificios ocupados abusivamente y son parte de esa infinita mano de obra que trabaja en los campos del sur sin derechos, a menudo sin contratos, sin ninguna seguridad».