Aunque no se dieron más detalles, en otros casos parecidos -frecuentes en la república islámica, donde el alcohol está prohibido por razones religiosas- se encontró en la bebida la presencia de metanol, una sustancia que se obtiene de la destilación de la madera. El metanol se usa para aumentar la graduación alcohólica y su ingesta puede ser mortal.
Las muertes por beber alcohol adulterado se dispararon en Irán en 2020, cuando corrió el rumor de que el licor servía para prevenir el Covid-19. En abril de ese año, las autoridades persas informaron de más de 500 muertes y 5.000 envenenamientos por ingesta de alcohol, solo en los primeros tres meses de la pandemia.
El régimen fundamentalista creado por Jomeini prohíbe la venta y el consumo de alcohol para los musulmanes; solo están exentas, con estrictas medidas de vigilancia, algunas minorías religiosas. Beber alcohol está condenado para todo musulmán con una pena de 80 latigazos.
No todos los eruditos islámicos consideran el alcohol pecaminoso apoyándose en los textos sagrados. Muchos expertos y teólogos musulmanes creen por ejemplo que el vino no está condenado por el Corán. Su prohibición sería consecuencia de una tradición y de una práctica muy extendida, de la que son guardianes celosos hoy los movimientos islamistas -el ideario político que considera que «el islam es la solución»- tanto radicales como moderados.
Dada la tendencia de los teólogos musulmanes a resolver contradicciones internas en el Corán dando prioridad a los capítulos de Medina (los versículos cronológicamente posteriores pueden abrogar los anteriores), se ha extendido entre el pueblo musulmán la convicción de que el alcohol es pecaminoso. Los intelectuales musulmanes partidarios de una interpretación razonable dicen que el mero hecho de que el Corán fuera cambiando de posición respecto al vino indica que esa bebida no es mala de suyo, aunque pueda convertirse en nociva.
Para marcar la distancia entre la fe y la costumbre, algunos ulemas recuerdan que en la descripción coránica del paraíso se premia a los fieles que en él entran con «arroyos de un vino delicioso».



