Garland trabajó como abogado en el departamento de Justicia con Clinton, donde se ocupó de impulsar juicios a personajes prominentes del país. Obama le propuso como candidato al Supremo para ocupar la vacante dejada por el fallecimiento de un magistrado conservador; pero la mayoría republicana en el Capitolio se interpuso en su camino y vio truncada la coronación de su carrera. La cartera que le ofrece ahora Biden le tentará para tomarse la revancha.
El futuro judicial de Donald Trump a medio plazo se va a ver también repleto de otros casos, que aguardan su salida de la Casa Blanca. Varios tienen que ver con presunta evasión de impuestos en sus negocios y presunta falsedad en las declaraciones de la renta. Al menos dos pleitos se relacionan con escabrosos casos de acoso sexual, en el que tanto las interesadas como sus abogados confían en obtener alguna ganancia, al menos de la publicidad de los procesos. Un caso más, el más dañino hasta el asunto del Capitolio, le acusa de presunta complicidad con su exabogado Michael Cohen para comprar el silencio de testigos en un juicio.



