Los combates se focalizan principalmente en la batalla del Donbass. Las tropas rusas, con amplio despliegue artillero, siguen aproximándose a Kramatorsk, en un frente de alrededor de 60 kilómetros, definido por la línea (de norte a sur): Sievierodonetsk― Lysychannsk ―Hirske― Popasna. También se bombardean objetivos de oportunidad como los almacenes aéreos de la base Kranatovo en Kirovohrad, o los de equipamiento general en Mykolaiv. No parece probable que las maniobras bielorrusas en las proximidades de la frontera ucraniana sean una amenaza de invasión, bien que la mera posibilidad de ésta obligue, a Kiev, a fijar fuerzas en la zona que podrían ser empleadas en otros frentes.
El conflicto ucraniano sigue globalizándose. Por ejemplo, crece la tensión entre Rusia e Israel a consecuencia de la supuesta intención israelí de enviar armas a Ucrania. Un salto que bien podría derivar en la obstrucción rusa a las acciones israelíes contra objetivos iraníes, en la doliente y sufrida Siria. Y, para colmo, está el insólito encontronazo de sotanas entre el Papa Francisco y el Patriarca Kirill. Francisco ―como él mismo ha revelado en reciente entrevista a ‘Il Corriere della Sera’―, sugirió a Kirill «no convertirse en monaguillo de Putin». A lo que el patriarcado de Moscú ha respondido que «es poco probable que estas declaraciones contribuyan al establecimiento de un diálogo constructivo entre la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa rusa». La guerra de Ucrania tampoco fomenta el ecumenismo.
Pedro Pitarch, general (R), es exjefe de la Fuerza Terrestre de España.



