Moscú lleva años infiltrándose en el continente americano

La decisión de Vladímir Putin en 2019 de enviar soldados y armamento a Venezuela en apoyo del régimen chavista consolidó el papel de Rusia como socio de las principales dictaduras en el continente americano y muro de contención de los intentos de Estados Unidos de facilitar un cambio de régimen en ellas. En años recientes, han llegado a Caracas bombarderos rusos con capacidad nuclear Tu-160, y Moscú y el régimen chavista han firmado acuerdos para que los buques de guerra del Kremlin empleen puertos venezolanos. Además, se ha recalibrado y reparado el sistema de misiles de largo alcance S300 que Hugo Chávez compró a Rusia.

En Cuba, el Kremlin no sólo ha anclado uno de los buques de guerra más avanzados de la Armada rusa, la fragata Almirante Gorshkov, sino que el mismo Ejército ruso ha financiado a las maltrechas fuerzas armadas cubanas con una línea de crédito de más de 38 millones de euros. Es más, en no pocas ocasiones el Gobierno ruso ha planteado, a modo de amenaza, la posibilidad de reabrir una base soviética en la localidad cubana de Lourdes, dedicada a la inteligencia y cerrada en 2002.

Un apoyo similar le brinda el Kremlin a Nicaragua. La dictadura de Daniel Ortega ha estrechado lazos con Moscú desde que este regresara al poder en 2007, y el mismo Putin visitó en 2014 Managua. Desde entonces, todo un arsenal ruso ha sido enviado al país centroamericano: tanques T-72B, sistemas antiaéreos ZU-23, helicópteros Mi-17V-5, vehículos blindados y hasta se ha construido un centro ruso de entrenamiento militar en Managua para formar a combatientes contra el narcotráfico.

Estos favores se traducen en un servilismo diplomático inquebrantable. Del pequeño puñado de países que reconocen que la península ucraniana de Crimea es rusa, tras la temeraria anexión de Putin en 2014, están Cuba, Venezuela y Nicaragua. Ahora el Kremlin se permite también usarlos como peones en su juego de estrategia con EE.UU. a cuenta de la integridad territorial y soberanía de Ucrania. Mientras negocia sobre ese país, el vicecanciller ruso Sergei Ryabkov advierte de un despliegue ruso en Caracas y La Habana. Apuntado, por supuesto hacia Washington.