«Les enseñaremos lo que son sanciones», aseguró Lukashenko ante los trabajadores de una fábrica del sector alimentario en Orsha. Dijo que «si polacos y lituanos enviaban antes sus mercancías a Rusia y China por vía terrestre a través de Bielorrusia, en adelante tendrán que hacerlo por vía aérea o a través del Báltico y el mar Negro». «Vamos a redirigir los flujos comerciales procedentes de los puertos lituanos», añadió. A juicio del dictador bielorruso, los europeos «necesitan calmarse y meditar las consecuencias que para ellos podrían acarrear los problemas de Bielorrusia». Explicó que Occidente «no necesita a Bielorrusia como tal sino como trampolín contra Rusia». «No como hizo Hitler, lanzando sus ejércitos, sino tumbando el actual poder en Bielorrusia e instalando otro que solicitaría a un estado extranjero que envíe a nuestro país tropas de apoyo», declaró mientras insistía en que ésa es la amenaza militar real a la que Minsk tendrá que hacer frente.
Lukashenko recibió el jueves la promesa de su homólogo ruso, Vladímir Putin, de que enviará fuerzas de seguridad a Bielorrusia «si la situación se descontrola». Pese a las amenazas y a que otra vez vuelve a aumentar el número de arrestos, las manifestaciones de protesta contra el fraude electoral perpetrado por las autoridades en los comicios del pasado 9 de agosto continúan cada día. Lukashenko sostuvo ayer que pronto pondrá fin a las movilizaciones. «La bacanal se acaba (…) ahora tenemos que ocuparnos de la economía», afirmó.
