Nadie puede dudar hoy de que China es una potencia global y de que tendremos que vivir bajo la sombra de su liderazgo. La cuestión ahora es si todos vamos a consentir un papel hegemónico a una dictadura que ni siquiera cumple los acuerdos que firma. En esta hora convendría que la Unión Europea y Estados Unidos acompañaran al Reino Unido con tres advertencias: primero que esto no es un asunto doméstico, como pretende China, sino global. Segundo que se va a producir un éxodo de los hongkoneses más capaces y las empresas que tienen su sede allí acabarán en lugares como Singapur; es decir, China se puede quedar con el territorio de Hong Kong, pero no con lo que Hong Kong puede aportarle. Y tercero, que cuando Deng estableció «un país, dos sistemas», estaba tendiendo la mano a Taiwán, algo que ya prácticamente han perdido con su actitud de la hora presente.
Pero más importante aún es entender el valor del gesto del Reino Unido al ofrecer a tres millones de hongkoneses que tienen la condición de Nacionales Británicos de Ultramar, así como a sus familiares directos, la posibilidad de vivir y trabajar en el Reino Unido y en su momento la ciudadanía de pleno derecho. Este fue un derecho que se les negó en 1997. Pero la ruptura del tratado por parte de China ha motivado al Gobierno británico a otorgar ahora lo que negó entonces. Y esto ha ocurrido menos de un mes después de que el Tribunal Supremo español haya denegado la nacionalidad española a los ciudadanos saharauis (y sus descendientes) que tenían pasaporte y DNI español cuando aquel territorio fue abandonado por España y ocupado por Marruecos. Menos de 70.000 personas entonces. Éstas son las cosas que acentúan mi admiración por el Reino Unido, incluso cuando lo gobiernan personajes disparatados como Boris Johnson.
Lo que todos tenemos que razonar ahora es que Pekín ha actuado en Hong Kong con absoluta impunidad porque Occidente ha dado prioridad a sus intereses económicos y comerciales por encima de los Derechos Humanos. La traición a las libertades básicas de esos ciudadanos chinos se ha cumplido por parte de gobiernos de todos los colores políticos en Occidente. Si en esta hora se deja a China tomar el control total e inmediato de Hong Kong sin consecuencias graves e infligidas por el mundo libre, todos viviremos en un mundo peor. Pero, lo más relevante es que China creerá, con razón, que puede hacer lo que quiera y pondrá otros objetivos en el punto de mira. Primero será Taiwán, claro. Y después vendrán otros territorios de Asia. Eso ya pasó cuando se rindió los Sudetes a la Alemania nazi. No aprendemos de nuestros propios errores.