Según la Constitución del país, aprobada por el régimen anterior, la edad legal para el matrimonio es 16 años para las chicas y 18 años para los chicos, pero el peso de la tradición de los matrimonios infantiles, sobre todo en zonas rurales, puede con la ley. Fore pidió a los talibanes «medidas concretas para apoyar y salvaguardar a las familias y niñas más vulnerables» y desde Unicef mostraron su disposición a trabajar con los líderes religiosos locales para asegurarse de que no estén involucrados en el Nekah (el contrato matrimonial) para las niñas.
El Programa Mundial de Alimentos alertó esta semana de que la mitad de la población del país sufrirá inseguridad alimentaria aguda a partir de este mes. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial han decidido congelar las ayudas y no permitir el acceso a las reservas en el extranjero a las nuevas autoridades y esto ha llevado a la economía de un país dependiente de la ayuda externa a una situación crítica. En el caso de los matrimonios, en Afganistán hay una tradición, que no tiene base en el islam, que consiste en pedir el llamado «precio por la novia», según Faizal Muzhary, investigador de la organización Afghanistan Analysts Network, citado por la cadena BBC. La tradicional dote (o mehr) es para la novia, pero ese «precio de la novia» es para la familia.
Vuelta a la escuela
Desde Unicef aprovecharon también para pedir a los responsables islamistas «que den prioridad a la reapertura de escuelas para todas las niñas de Secundaria y permitan que todas las maestras reanuden sus trabajos sin más retrasos». Tres meses después de la llegada de los talibanes las escuelas de Secundaria siguen cerradas para niñas y esto se ha convertido en una de las grandes líneas rojas para los países a la hora de reconocer al nuevo gobierno.



