Pedro Franco
La pandemia del Covid-19 hace prever que será imposible la realización de las elecciones Presidenciales y Congresuales el próximo 17 de mayo del presente año. Semana Santa es un periodo muy adecuado para la reflexión al respecto y este debe ser, y ya lo es, propicio para que el país y los actores políticos del proceso traten de producir el consenso necesario al respecto.
Con cierta anticipación algunos comenzaron a plantear un acuerdo entre el sector partidario para posponer las elecciones. Para entonces los casos de coronavirus eran escasos, todavía no era previsible la circulación comunitaria del virus y era objetivo pensar que con las medidas de cuarentena en poco tiempo esto podría controlarse, pero llegado el momento es necesario aportar la solución más viable.
Hablamos de compromisos, y pensamos que los mismos deben ser firmes, de tal manera que se garantice mantener el respeto a la Constititución, la cual en su artículo 209 establece la forma en que deben ser realizadas las elecciones presidenciales y congresuales. Compromisos firmes y sin exclusiones, en tanto el precedente de la posposición de las elecciones municipales del pasado 16 de febrero, puede constituir la base para los acuerdos que nos permitan la realización sin trauma de esta jornada.
No deberíamos limitarnos a determinar las fechas en que deben realizarse las elecciones. A la vista tenemos dos posibilidades al respecto, que algunos se obvian abordar. Las elecciones serán posibles solo, y solo, si logramos mitigar la situación sanitaria causada por el coronavirus causante de la cuarentena. Por tanto, no hay que preocuparse solamente por proponer fechas, como lo demanda la JCE, no prever solo que las elecciones puedan llevarse a cabo, sino también qué hacer si la realidad demuestra que se hace imposible su realización en el periodo indicado por la constitución, y por tanto, cómo evitar la ruptura del hilo constitucional.
En consecuencia, a nuestro juicio, el primer acuerdo debería ser colocar una fecha para la primera vuelta que dé oportunidad a la convocatoria a una segunda vuelta, si fuere necesario, en el tiempo o espacio establecido por la Constitución.
En caso de que aun en la fecha acordada todavía no se hayan producidos las condiciones para la realización de la primera vuelta, podríamos intentar trasladando la convocatoria para la fecha acordada para la segunda vuelta.
Al analizar el proceso, no debemos concentrarnos solamente de la situación del coronavirus en el país, sino también como esta pandemia está evolucionando en otros países y ciudades del exterior con gran concentración de dominicanos y dominicanas que están convocados también a participar en las elecciones, y como se ha demostrado, siempre participan de manera muy activa, y sus votos pueden ser decisivos en los resultados finales de los procesos electorales.
Si nos atenemos a la experiencia de China en el manejo de la epidemia en Wuhan y otras ciudades de su pais, es posible prever las posibilidades que el país pueda superar en 2 meses controlar esta pandemia, pero no es del todo seguro.
No obstante, podría constituir un error obviar en la discusión de otros escenarios previsibles, como, qué hacer si es que no son posibles las elecciones en las fechas acordadas para la primera y segunda vueltas; cómo evitar caer en situaciones de facto o en una indeseable reforma constitucional para lo cual, visto los precedentes recientes, es muy difícil que alrededor de ese tema se genere un consenso nacional, muy diferente a las fechas de las elecciones.
La necesidad de compromisos fuertes para salvaguardar la salud de la democracia, compromisos tan fuertes como los que se urgen para afrontar unidos la pandemia del coronavirus que nos azota, constituyen un nuevo desafío para el liderazgo político y social del país, y esta solución precisa de cooperación, solidaridad y concertación.


