Por Pedro Franco
Luis Abinader ha dicho no tiene una determinación sobre la privatización, el gravamen al doble sueldo y otros, en perjuicio de los intereses estatales, los trabajadores, los más pobres y la clase media. Desde el Congreso se ha expresado que van a oír todas las voces. Ojalá no sea solo oír, sino escuchar siendo muy conscientes que si hay algo que gravar es la riqueza bien, y aun mayor, la mal habida; no es justo golpear nuevamente la economía popular, menos aún en tiempos de pandemia, o como muchas veces se ha hecho o intentado al llegar un nuevo gobierno.
No debemos volver a lo que Peña Gómez calificó ante nosotros en 1984, como el Gran Desencuentro entre el PRD, el pueblo, sus bases de apoyo y aliados. Aún están vivos Isidro Torres y otros para contarlo. Oyendo a sus encumbrados asesores “pegados” al gobierno de entonces, que había surgido con más del 60% de aprobación popular, promovido como el que haría realidad la «democracia económica» visto que con Guzmán se habría logrado la «democracia política», sus desacertadas decisiones en política económica lo llevaron al descrédito público y finalmente a la ruina. Lo demás es historia.
Ese comportamiento incoherente e inconsecuente con sus bases de apoyo permitió lo hasta entonces inaudito e increíble: bajo la prédica de “El PRD no sabe gobernar” Balaguer recuperó el poder nada menos que por diez años más.
Estas y otras inconsecuencias sembraron la creencia en que los gobiernos del PRD estaban condenados a ser ensayos de corto plazo, gobiernos de no más de 4 años; de familias, sin nada que ver con sus bases de apoyo ni aliados. No obstante, se ha esperado que el PRM y Luis Abinader sean la negación de todo ese pasado lamentable e incoherente del viejo perredeismo.
Es sobre esa comprensión que Peña planteó su propuesta programática “Primero la Gente”, que si bien contó con el concurso e implicación de los más reconocidos estudiosos, cientistas e intelectuales, las bases fueron formuladas e ideadas por él mismo y discutidas con los integrantes del Acuerdo de Santo Domingo, como reconexión histórica con lo que había sido el Acuerdo de Santiago.
Pero Peña no se quedó en esas propuestas, en términos programáticos, que en su tiempo representaban el pensamiento más avanzado de la socialdemocracia, sino que la acompañó de la tesis de que el PRD conformara con sus aliados una federación de partidos progrecistas, tesis que quizás en el presente le quede muy grande de aplicación práctica al PRM, vistos los vientos que allí soplan.
Mientras el PRD se diluía en medio de las inconsecuencias políticas e ideológicas, el PLD maniobró con parte de las fuerzas políticas previstas por Peña Gómez para la federación de partidos progresistas, capturó el poder y se prolongó en él nada menos que por 16 años, lo que nos permite hoy preguntar si necesita este pueblo seguir ensayando recetas neoliberales antipopulares conocidas y ya desacreditadas?
Si el PRM persiste en ser la negación de las inconsecuencias políticas del viejo PRD debería renunciar a hacer todo lo contrario al cambio que prometió, evitar estos «bandazos» que comenzaron con «las causales», siguieron con la vuelta a la «capitalización» llamada ahora «alianza público-privada» de tan malos recuerdos, para terminar proponiendo asestar un «macetazo» a la economía de los pobres y la clase media.
Sin una visión de cuerpo, el gobierno del PRM comienza a dar la sensación de adentrarse en la senda del » «donde dije digo, digo diego», pues proceder a gravar a los pobres y a la clase media, en vez de a la riqueza y recuperar lo robado, que es lo que todos esperamos de Luis Abinader, se está de alguna manera formulando un llamado muy temprano a la conciencia ciudadana, y seria muy doloroso volver a un desencuentro aun sea minimamente parecido al de 1984, no importa fuere en la modalidad de Marcha Verde. Estamos muy a tiempo de evitarlo.
* El autor es miembro del Comité Político y Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Frente Amplio.



