Por Aik Ambiorix
El autor es gerente de Prensa Hispana | Miembro del consejo de directores de CODEESTE.
El 2026 no será un año para improvisar. El tablero internacional se mueve con rapidez, y cada sacudida geopolítica —conflictos prolongados, tensiones entre potencias, reacomodos comerciales y una economía global que todavía respira con dificultad— termina pasando factura a los países pequeños y abiertos como el nuestro.
El mundo no está en pausa; está en reordenamiento. Y cuando el mundo se reordena, quien no planifica paga el precio.
En ese contexto internacional incierto, la política y lo social caminan de la mano.
Las decisiones de hoy, tomadas en despachos lejanos, impactan el costo del dinero, los alimentos, la energía y la estabilidad de los mercados.
No es pesimismo: es lectura de realidad. El avispado no se asusta; se prepara.
La República Dominicana no es una isla económica, aunque lo sea geográficamente. Aquí enfrentamos retos claros: presión fiscal, demandas sociales crecientes, servicios públicos que reclaman eficiencia y un gobierno que debe hilar fino entre recaudar y no asfixiar la productividad,y enfrentar sus nuevos corruptos.
El proyecto fiscal que viene de camino genera inquietud legítima en empresarios, emprendedores y ciudadanos comunes. Impuestos mal calibrados pueden enfriar la inversión; impuestos bien pensados pueden ordenar la casa. Ahí está el desafío.
Para el sector empresarial, el mensaje es directo: revise sus gastos, optimice procesos, fortalezca reservas y planifique escenarios. No es tiempo de despilfarro ni de miedo que nos detenga. Es accion e inteligencia financiera.
Para las familias, el llamado es similar: controlar gastos personales, priorizar lo esencial, evitar deudas innecesarias y pensar en el ahorro como un acto de defensa y de futuro, y cuidado con la tarjeta .
Pero cuidado: planificar no es encerrarse en el pánico. Planificar es sembrar. Sembrar ideas, alianzas, formación, innovación.
Sembrar confianza en medio de la incertidumbre. El 2026 debe encontrarnos con la mente clara, los números en orden y el ánimo en alto. El optimismo no es ingenuidad; es una decisión estratégica cuando se acompaña de acción.
La historia demuestra que los países y las personas que avanzan no son los que niegan las dificultades, sino los que las enfrentan con cabeza fría y corazón firme. No es momento de derrota ni de lamentos anticipados.
Es momento de proponer, de construir y de creer que, aun en tiempos complejos, se puede crecer.
Si estas vivo , planificarías bien el 2026. No mañana. Hoy ESTAS MUY A TIEMPO.
Hasta una proxima