Entidades como Lloyds, Barclays o Coutts han sido las primeras en dar la mala noticia a sus clientes esparcidos en la otra orilla del canal de La Mancha. Llodys, propietario de Halifax y del Bank of Scotland, ha contactado con 13.000 clientes en Alemania, Holanda, Portugal y otros países comunitarios, según publica «The Guardian». «Le hemos escrito a un pequeño número de clientes que viven en países de la UE para informarles que, debido a la salida del Reino Unido, lamentablemente no podremos seguirles brindando nuestros servicios», anunciaron desde Lloyds.
Por su parte, Barclays informó de que han comenzado a contactar con sus clientes en España, Francia y Bélgica para advertirles que desde el 16 de noviembre sus tarjetas serán canceladas. La filial británica del Santander, por su parte, no ha informado todavía si también hará lo mismo o no. Se estima que hay más de un millón de británicos en la UE, un alto porcentaje de ellos son jubilados cuyo principal ingreso es la pensión que el Estado les deposita en sus cuentas. Desde las 11.01 horas de la próxima Nochevieja los bancos británicos no podrán operar en el mercado único, pues perderán el llamado passporting que les permitía operar en los Veintisiete. Solo un acuerdo con la UE puede evitarlo, pero esto hoy parece más lejos que nunca por la Ley del Mercado Interior del Reino Unido defendida por Boris Johnson y ratificada en el Parlamento. Las entidades con filiales en la UE podrían continuar operando, pero las que no las poseen tendrían que solicitar una licencia para comerciar en cada país del espacio económico europeo y algunas entidades tienen muy pocos clientes en la Unión para justificar esta costosa operación burocrática. Desde el referendo del 2016, las consultoras estiman que desde el próximo enero los bancos y aseguradoras británicas perderán el 25 % de sus ganancias: 50.000 millones de libras (59.000 millones de euros).
Pese a las enormes cifras del sector financiero, los intereses del pequeño, pero simbólico, sector pesquero han terminado imponiéndose en las negociaciones con Bruselas. Desde el bando comunitario han exigido a Londres que le permita a sus pescadores continuar faenando en aguas británicas como hasta ahora, así como que acepte mantenerse alineado en materia laboral, medioambiental y de subsidios, a cambio de suscribir un acuerdo de libre comercio que garantice a sus bancos seguir operando sin problemas. La petición ha sido rechazada desde el 10 de Downing Street, por considerar que vulnera su independencia.
